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miércoles, 19 de junio de 2013

El Milan de Rocco, campeón de Europa (1963)

El AC Milan es uno de esos equipos respetados en todo el mundo. Con siete Copas de Europa, no necesita sacar a relucir nada más de su envidiable palmarés para ser considerado uno de los clubes más grandes del planeta. El conjunto Rossoneri escribió las páginas más gloriosas de su historia entre 1987 y 1996, cuando ganó cinco Scudettos y tres Copas de Europa en nueve temporadas. Pero eso fue la continuación de una gloriosa historia que había puesto su piedra más importante hace ahora 50 años, cuando ganó la Copa de Europa por primera vez en 1963. Lo hizo poniendo el broche de oro a una brillante etapa de también nueve temporadas de duración, entre 1954 y 1963. El Milan fue el claro dominante del Calcio, pero en Europa no había podido ser campeón debido a la hegemonía del Real Madrid de Di Stéfano, que le privó de tan ansiado título las dos veces que más cerca había estado; en semifinales primero (1956) y en la final posteriormente (1958).

La historia iba a cambiar con la llegada de Nereo Rocco al banquillo del club lombardo; el técnico italiano que se adjudicó la invención del Catenaccio, aunque en realidad vino a desarrollar el esquema táctico del entrenador austriaco Karl Rappan. En cualquier caso, identificó a su equipo con un sistema de juego que les llevó a lo más alto a nivel nacional, continental y mundial. El técnico triestino participó por primera vez con el AC Milan en la Copa de Europa en la temporada 1962-63, y no iba a poder tener mejor debut ya que se alzaría con el título. La squadra rossonera regresaba a la máxima competición continental después de su mayor ausencia, tras no haber participado en las dos últimas ediciones. Un parón que resultó sentarles de la mejor manera posible.

El primer Milan campeón de Europa contaba en sus filas con Cesare Maldini y Giovanni Trappatoni, los dos jugadores más conocidos en la actualidad de ese equipo campeón. El primero por ser padre del mítico Paolo Maldini, y el segundo por haber ganado como entrenador de la Juventus seis Scudettos y todos los títulos internacionales posibles, además de un séptimo Scudetto con el Milan, el club en el que se hizo grande como jugador. Aunque más desconocidos hoy en día por los cincuenta años transcurridos desde entonces, también eran claves en aquel equipo Gianni Rivera, hasta hoy único jugador italiano del Milan en ganar la Copa de Europa y la Eurocopa, Bruno Mora, o José Altafini.

El equipo de Rocco debutó en la ronda preliminar de la Copa de Europa ante el ya desaparecido Union Luxembourg, al que derrotó sin ninguna complicación por un global de 14-0 entre la ida y la vuelta. El brasileño Altafini anotó ocho de los 14 goles, lo que le valió a posteriori para ser máximo anotador del torneo con 14 goles, y establecer un récord que a día de hoy no ha sido superado todavía. Lo igualó Messi en 2012, aunque con peor promedio goleador. En octavos de final los italianos se midieron al Ipswich Town, conjunto inglés que en 1961 había ascendido a Primera División y que siendo debutante en la categoría logró alzarse con el título de Liga en 1962. No tuvo tanta fortuna en su debut en la Copa de Europa, donde tras vencer al débil Floriana de Malta, cayó ante el poderoso Milan por un global de 4-2, tras perder en la ida 3-0 con un hat-trick de Paolo Barison. En cuartos de final el conjunto lombardo se medía por primera vez a un equipo turco en la Copa de Europa, el Galatasaray, que había logrado su primer título de Liga el año anterior. 1-3 en Turquía y 5-0 en Italia para alcanzar las semifinales de la máxima competición continental. En semifinales se midieron al Dundee FC, que disputaba la competición como vigente campeón de Escocia, en la que a día de hoy es la única Liga obtenida en su historia. Los Rossoneri sentenciaron la eliminatoria en el partido de ida (5-1), por lo que viajaron a Escocia sabiéndose finalistas y pudiéndose permitir la segunda derrota en el torneo, al caer por 1-0.

El equipo capitaneado por Cesare Maldini se plantaba así en la segunda final de Copa de Europa de su historia. Si en la primera final tuvo la mala suerte de cruzarse con el campeón de las dos ediciones anteriores, el destino quiso que para hacerse grande derrotara a otro grande, y le iba a enfrentar al Benfica que lideraba el fantástico Eusébio. El equipo portugués había sido campeón de las dos últimas Copas de Europa. Pero esta vez la squadra dirigida por Nereo Rocco iba a hacer historia poniendo fin a la hegemonía del Benfica, y con ello a la de la península ibérica, que con los cinco títulos del Real Madrid y los dos del Benfica se había alzado con las siete ediciones disputadas hasta la fecha. El Milan tuvo que remontar el 1-0 inicial que anotó Eusébio en la primera mitad, y lo hizo con dos goles en el tiempo complementario de José Altafini, cómo no. Llegaba así la primera Copa de Europa a Milan, la que inmortalizaría para siempre a Rocco y sus jugadores en la gloriosa historia del conjunto lombardo. Sin sospecharlo nadie comenzaba también la maldición de Guttmann para el Benfica, pero esa es otra historia.

domingo, 26 de mayo de 2013

Bayern de Europa

Por fin, después de perder dos finales en los últimos tres años el Bayern se lleva la Orejona a casa. Pudo así evitar el deshonor de convertirse en el club que perdió 3+ finales en menos tiempo. Seguirá ostentando ese incómodo récord el Benfica, que desde la maldición de Guttmann perdió tres finales en seis ediciones entre 1963 y 1968 (maldición que más de medio siglo después no ha terminado todavía). Además, con el triunfo de ayer el Bayern dejó de ser el único club con 3+ Copas de Europa que había perdido más finales de las que había ganado. Logró también con la victoria vencer por primera vez en una final de Copa de Europa a un campeón de la competición, después de haber caído en finales anteriores contra el Manchester United en 1999 y contra el Inter de Milán en 2010.

Heynckes logró su segunda Copa de Europa, 15 años después de ganarla con el Real Madrid. Sólo tres participaciones le han bastado al veterano técnico alemán para lograr dos títulos y un subcampeonato, e igualar a Happel, Hitzfeld y Mourinho como único entrenador en ser campeón de Europa con dos clubes diferentes. Un honor que parece reservado a entrenadores cuyo apellido empiece por "H"... y Mourinho. Claro, The Special One. También todos ganaron al menos una de las dos Copas de Europa con un equipo alemán... excepto Mourinho. Muy meritorio lo de Heynckes, que no le ha temblado el pulso en absoluto a la hora de tomar decisiones técnicas. No podíamos tampoco esperar menos de tan experimentado entrenador. La más llamativa seguramente sea la suplencia de Mario Gómez, quien en su día fuera el fichaje más caro de la historia de la Bundesliga cuando el Bayern lo contrató, para dar entrada en el once titular a Mandzukic. El croata ha respondido anotando 22 goles en la temporada, y uno de ellos en la final de la Champions. La llegada de Javi Martínez y su regreso al centro del campo tras ser empleado por Bielsa como central en la que fue la mejor campaña del Athletic en el siglo XXI también resultó ser un gran acierto. Seguramente el técnico aleman ha formado el equipo más equilibrado de todo el continente, complementado con un banco de suplentes de lujo. Heynckes ha sabido aprovechar eso y repartir los minutos entre sus jugadores; lo cual es cierto que no ha sido especialmente difícil teniendo en cuenta la amplia ventaja con la que los bávaros han controlado la Bundesliga de principio a fin, liderando el campeonato alemán desde la primera jornada hasta la última.

Arjen Robben. Cuanto para decir de él. Muchas cosas positivas y otras tantas negativas. Sobre sus virtudes no vamos a descubrir ahora la clase de jugador que es. Un puñal en la banda, derecha o izquierda, un tanto individualista, con una gran capacidad para el desborde y una buena pegada que hace que prefiera jugar a pierna cambiada; un concepto táctico puesto de moda en los últimos años y que utiliza muy bien el Bayern con Ribery y Robben. El holandés tuvo que salir del Real Madrid tras la llegada de Cristiano Ronaldo, y gracias a este cambio ha podido jugar tres finales de Champions. Eso sí, no había ganado ninguna. Y para peor, también perdió una final de un Mundial. ¿Mala suerte? Contra el Inter fue ampliamente superado el Bayern, en la final del Mundial cualquier detalle pudo decidir y contra el Chelsea igual que en Sudáfrica 2010. Y aquí, en los detalles, no estuvo a la altura. Fue justamente él en ambas finales quien tuvo en sus botas esos "mínimos detalles" que deciden una competición. No estuvo a la altura en Sudáfrica 2010, donde en un uno contra uno no supo definir; no lo estuvo en la final de la Champions 2012, donde malogró un penalti en la prórroga tras una mala ejecución; y tampoco lo estuvo en la Bundesliga 2012, donde en un partido casi decisivo contra el Borussia marró un penalti que a la larga le costaría el título. Muchos momentos decisivos en los que no rindió como se podía esperar de un crack como él. Ayer creo que ya nadie esperaba que fuera el jugador de la final, y eso tal vez le quitó presión. Aunque analizando las oportunidades que falló hasta dar la asistencia del primer gol y la cantidad de decisiones erróneas que tomó no lo parecía. Así que no sé si hasta entonces había tenido mala suerte, que no lo creo, o si ayer tuvo buena suerte. Pero no me gusta denominar "suerte" los aciertos de un jugador de su magnitud. Lo único que sé con seguridad es que la historia del fútbol estaba en deuda con él, y ayer por fin le permitió ganar una Liga de Campeones. Y eso sí que pese a ser un jugador cuestionado en los partidos decisivos lo tiene más que merecido.

Como también lo tenía merecido este Bayern Munich que el año pasado fue segundo en la Bundesliga, en la Copa de Alemania y en la Champions League. Demasiado castigo para un equipo de esta magnitud que ya había perdido una final de Champions dos años antes. Y este año, después de endosarle un 7-0 a doble partido al claro dominador continental del último lustro, y un 4-0 al bicampeón del fútbol italiano, hubiera sido una injusticia que no levantara el trofeo al cielo de Londres. No le quiero quitar mérito al Borussia, que tuvo, y mucho, llegando a la final. Desde mi punto de vista, el mayor logro del Borussia fue ser primero de grupo en un grupo donde estaban los campeones de Holanda (Ajax), Inglaterra (Manchester City) y España (Real Madrid). Esto le permitió tener un cruce accesible en octavos de final (Shaktar) y la suerte le sonrió en cuartos de final emparejándolo con el Málaga. En esta eliminatoria sufrió demasiado aunque supo reaccionar con dos goles en el descuento que le metieron en semifinales 16 años después de la última -única- vez. En semifinales no había cruce fácil para el Borussia y el Real Madrid se cruzó en su camino. Los de Dortmund realizaron en la segunda parte del encuentro de ida los mejores 45 minutos de la competición, y con un parcial de 3-0 pudieron viajar a Madrid con un 4-1 de renta. En el Bernabéu sufrieron demasiado para gozar de semejante ventaja, y sólo la falta de puntería de Higuaín y Özil permitió que con 2-0 y perdiendo tiempo en los compases finales pudiera meterse en la final. ¿Meritorio? Muchísimo. Pero no tanto como para merecer la Champions más que el Bayern Múnich.

En conclusión, creo que las gloriosas páginas que componen la historia del equipo bávaro merecían añadir por fin la quinta Copa de Europa, que les sitúa como el tercer máximo campeón del continente junto con el Liverpool. No hace falta compararlo con el irrepetible Bayern que capitaneaba Beckenbauer hace 40 años, pero los Lahm, Schweinsteiger, Ribery, Neuer, Müller y compañía permanecerán imborrables en la admirable historia de un club que por fin ha encontrado sucesores a los Kahn, Effenberg, Lizarazu, Hargreaves y demás héroes del 2001. Ahora habrá que ver si estamos sólo ante un año histórico para la entidad de Múnich o ante el comienzo de la segunda era dorada del club, con permiso de aquel equipo que a final de siglo fue tricampeón de la Bundesliga y jugó dos finales, ganando una por penaltis y perdiendo otra de manera dramática ante el Manchester United. El tiempo lo dirá.